La última semana corrida de agosto, las acciones de EE.UU. sufrieron otra baja; pero, gracias a una recuperación ocurrida a última hora las pérdidas se redujeron. En la semana completa, el índice industrial Dow Jones perdió un 0,6% para cerrar en 10.151, el índice S&P 500 bajó un 0,7% para situarse en 1.065 y el Nasdaq Composite descendió un 1,2% para colocarse en 2.154.
Hubo algunas noticias económicas positivas, que incluyen una menor cantidad de solicitudes de seguro de desempleo que lo esperado. Ese número disminuyó de 504.000, la semana anterior, a 173.000. Además, hubo indicios de que los estándares de préstamos están siendo algo más flexibles. La encuesta Senior Loan Officer Opinion Survey de la Reserva Federal mostró que los estándares en general son menos estrictos y que los préstamos de bancos pequeños han aumentado, un ingrediente necesario para una recuperación general.
El aspecto económico destacado fue el discurso del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, quien brindó en sus comentarios una perspectiva bastante conciliadora. El presidente Bernanke dejó en claro que se podría esperar más flexibilidad si la economía mejora. Sus declaraciones deberían ayudar a calmar ciertos temores entre los inversionistas, quienes siguen preocupados por la posibilidad de una recesión en recaída significativa (double dip). Las razones de su optimismo incluyeron el acuerdo continuo en las políticas monetarias, la mejora en los balances generales del consumidor, la estabilización de los estándares de préstamos bancarios antes mencionados y una mejora general en las condiciones financieras que respaldan el crecimiento.
No cabe duda de que existen muchos riesgos negativos y de que la economía sigue siendo bastante frágil.
Un aspecto de la economía que sigue siendo particularmente problemático es la falta de confianza de los consumidores, de las empresas y de los inversionistas. En general, creemos que la economía sigue atravesando una fase de desapalancamiento (en especial, por parte de los consumidores), pero seguimos pensando que es poco probable que la economía estadounidense experimente una recaída significativa y que la economía global no volverá a caer en recesión.
En nuestra opinión, una de las características más interesantes del panorama actual de la economía y de los mercados es la flexibilidad continua del sector corporativo en medio de datos económicos débiles. El crecimiento de las ganancias corporativas y la caída progresiva de los márgenes de créditos corporativos pronostican una solidez económica.
De hecho, los márgenes de ganancias corporativas, como un porcentaje del PIB, están cerca de las cifras récord en 40 años. Durante un ciclo económico normal, estos niveles alentarían a las compañías a invertir más en gastos de capital o a intensificar los planes de contratación; sin embargo, la mayoría de las compañías se mantienen reticentes a reducir sus niveles de efectivo. Hemos observado algunos aumentos en el gasto de capital, aunque en una cantidad inferior a la que normalmente se esperaría dadas las ganancias actuales y, por supuesto, permanecieron debilitadas las contrataciones del sector privado. Parte de esta reticencia al gasto puede atribuirse a la incertidumbre en torno a los potenciales cambios legislativos y normativos provenientes de Washington, pero creemos que nos encontramos en un punto donde las compañías tendrán que aceptar niveles más lentos de crecimiento o comenzar a incorporar más capital.
Durante los últimos meses, las acciones han quedado atrapadas entre los vientos cruzados de una variedad de fuerzas positivas y negativas. Desde el punto de vista alcista, las ganancias corporativas sólidas, el aumento en la actividad de fusiones y adquisiciones, los altos niveles de emisión de deuda corporativa y el resurgimiento de la inversión en gastos de capital muestran que el sector corporativo sigue siendo una fuente de solidez. Además, la Reserva Federal aclaró que continuará haciendo lo que pueda para conservar la flexibilidad. Fuera de los Estados Unidos, en la mayor parte de Europa y Asia, los datos económicos también siguen siendo algo más sólidos de lo que se esperaba.
Sin embargo, existe una cantidad de fuerzas negativas que también merecen ser mencionadas.
Una falta de confianza general mantiene bajo a los mercados, lo que no sorprende si consideramos que los aspectos más visibles del crecimiento económico —el crecimiento laboral y la tasa de desempleo— continúan siendo desfavorables. Además, el mercado de bienes raíces sigue siendo una fuente importante de debilidad. También existe la real y continua amenaza de desapalancamiento que debe tenerse en cuenta. El consumidor todavía tiene mucho trabajo que hacer al respecto y, recientemente, hemos visto una ampliación de los márgenes de deuda soberana en Europa.
El problema crucial para los inversionistas sigue siendo la cuestión de si la economía atravesará o no la tan temida recaída significativa. Somos optimistas en cuanto a este debate y queremos señalar que, si bien la recuperación ha sido lenta, hemos avanzado mucho. En realidad, el producto interno bruto de los Estados Unidos recuperó 70% de lo que había perdido durante la recesión y, a nivel nominal, el PIB se recuperó totalmente, lo que significa que los Estados Unidos se encuentran en una expansión nominal.
De todos modos, los inversionistas de acciones estadounidenses pueden esperar que continúe la volatilidad en el futuro. El Índice S&P 500 se mantuvo en un período de negociación muy irregular entre los 1.020 y los 1.120. En estos momentos no esperamos ver un drástico quiebre de este rango, pero creemos que mientras las condiciones económicas mejoren lentamente, las fuerzas positivas prevalecerán.
