Las acciones permanecen en el amplio rango de compraventa en el que se han encontrado durante meses, pero la semana pasada registraron un fuerte movimiento hacia la cima de esos rangos. En la semana, el índice industrial Dow Jones subió el 1,3% hasta alcanzar los 12.505, el índice S&P 500 subió 1,3% cerrando en 1.337, y el Nasdaq® Composite subió el 2,0% y cerró en 2.820.
La gran noticia en los Estados Unidos fue que el S&P disminuyó de categoría la perspectiva estadounidense, lo que provocó que los inversionistas se enfocaran en la posibilidad de que el gobierno de los Estados Unidos pierda su clasificación AAA y acentuó la probabilidad de que los problemas presupuestarios a largo plazo del paísse conviertan en el problema preponderante en la campaña electoral del 2012. Si bien ambos partidos políticos estuvieron de acuerdo en hacerle frente al déficit y en la necesidad de aumentar el tope de endeudamiento para que los Estados Unidos no entren en incumplimiento, el inminente voto respecto al tope del endeudamiento es la consabida carta de negociación en medio del abismo existente entre ambos partidos acerca de la reducción del déficit.
Con el tiempo, los gastos de beneficios en Medicare, Medicaid y el Seguro Social consumirán todos los ingresos impositivos estadounidenses, razón por la cual, hacerle frente a esto constituye la clave para recuperar la solvencia fiscal a largo plazo. Vemos la posibilidad de que se concrete el plan de reducción del déficit en dos pasos. Primero, vemos que se aproxima cierta reforma, aunque pequeña, como parte del aumento del límite de la deuda, por ejemplo, límites en los gastos discrecionales.
A partir de ahí, vemos un acuerdo más completo que, muy probablemente, se producirá después de las elecciones del 2012. El límite de la deuda se ha subido 10 veces durante la última década y en ese periodo la deuda neta ha aumentado más del doble. El proceso para lograr un acuerdo no será agradable, pero los nuevos miembros del Congreso consideran los aumentos de los topes anteriores como si fueran cheques para hacer nuevos gastos, por lo que el próximo debate debería servir como un catalizador para efectuar reformas positivas modestas.
Aproximadamente un 20% del S&P 500 registró ganancias. Hasta ahora, las compañías están camino a brindar otra sorpresa positiva del 3% al 4% en comparación con las expectativas generales. Sin embargo, los resultados son más diversos que antes: algunas compañías informan grandes sorpresas positivas y otras compañías informan sorpresas negativas más significativas en comparación con las expectativas. No obstante, en este contexto, la batalla interna en la economía continúa del lado positivo. Hemos visto aumentar las ventas minoristas reales entre un 2,5% y un 3% durante el primer trimestre; una producción industrial positiva según lo indicó el índice de producción industrial Empire State de la Reserva Federal, y noticias razonablemente buenas respecto de las solicitudes de subsidio por desempleo con un crecimiento laboral que probablemente continúe. Por supuesto que la tasa de los fondos federales ha estado en alrededor del 0% durante más de dos años con márgenes en el mercado de renta fija cercanos a bajas récord. También vemos que mejoran las condiciones crediticias con el aumento de préstamos comerciales e industriales (C&I).
Por otro lado, han aumentado los obstáculos fiscales y, en algunos lugares, el precio de la gasolina alcanzó niveles récord. Otros factores clave son los problemas japoneses en las cadenas de suministro, los problemas de deuda de la periferia de la eurozona, los ajustes constantes en China, los ajustes del Banco Central Europeo y el eventual final del programa de flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal (QE2). Con los mercados laborales más sólidos y el sistema bancario comercial más saludable, vemos pocos cambios desde el final del QE2. Deberíamos volver a revisar esta perspectiva constructiva si viéramos un debilitamiento en el importante crecimiento monetario, o bien crecientes márgenes de crédito de renta fija.
Por lo que, después de dos años de una reactivación económica bastante agresiva, ha aumentado el precio de los activos y ahora la economía mundial parece haberse encaminado hacia la capacidad de reforzarse por sí misma. Apenas el otoño pasado, predominaban los temores por una recesión en recaída significativa entre las preocupaciones de los inversionistas. El cierre de esta brecha entre la percepción y la realidad ha constituido la fuerza impulsora tras la solidez de las acciones, lo que provocó un cambio de los bonos a las acciones. Lo negativo de este cambio en la percepción es que han subido las expectativas justo cuando es más divergente la política de los bancos centrales en todo el mundo, el QE2 se acerca a su fin, el precio de los productos de consumo básico va en franco aumento y la economía muestra cierta desaceleración natural.
Debido a esto, seguimos creyendo que las fuerzas de consolidación que, en marzo, pusieron en marcha la reducción inicial del mercado bursátil permanecen firmes en gran medida. Con el precio del petróleo a niveles altos, esas fuerzas incluso pueden haberse intensificado.
En consecuencia, seguimos viendo medidas correctivas agitándose entre los promedios generales, al menos, hasta que se absorban los excesos de la última alza del mercado. Nada de esto deberá cambiar necesariamente el escenario de acciones cíclico y positivo, pero sí proporciona una perspectiva objetiva de que podríamos ver más turbulencia a corto plazo.
